Opinion

Ser mujer no es noticia



Macroplaza

Por Mónica Hernández-Roa

¿En serio es noticia que una mujer tenga un logro?

Aún me asombra ver encabezados que dicen "La primera mujer en obtener medalla" de no sé qué. O la primera mujer ganadora del Premio Nobel en no sé cuál categoría, e inclusive, me asombra que sigan asombrándose que alguien de preferencias sexuales equis, saquen un premio o se distingan en alguna área profesional, como si tu preferencia sexual o por el hecho de ser mujer te consideren de menor inteligencia o que por este hecho tengas alguna discapacidad mental o física y tenga esto que ser noticia.

¿Por qué es noticia el logro de una mujer, de un gay o una lesbiana? Como si fuéramos otra especie del ser humano...

Cuando menos en mi caso, tengo cincuenta años observando los cambios de la mujer en la sociedad.

Veamos.

Tenía 5 años cuando le dije a mi mamá que quería ser astronauta. En ese entonces estaba de moda el tema del Apolo 11 que había llegado a la luna y los niños jugábamos a ir al espacio en un "cohete", de esos que tienen forma de cilindro y tienen pico. Recuerdo que mi mamá me contestó -mientras yo jugaba, acostada de cabeza en el sillón de la sala, simulando estar lista “para ir a la luna"-: "¡Pero no hay mujeres astronautas!", y recuerdo haberle contestado con es simpleza que me caracteriza: “Ah, pues yo seré la primera mujer astronauta". Así, simple y llanamente, me creía capaz de todo, desde el simple hecho de soñarlo.

A esa edad jugar con los niños varones al beisbol, a las canicas, al trompo o a trepar árboles, y ganarles en éstos juegos, era algo simple, común y normal para mí. A esa, ni a ninguna edad, pensé que ganarles a los niños me hacía superior a ellos, sólo iba comprobando con el tiempo que tenía cualidades, capacidades, y que merecía entrar a concursos serios para obtener un premio, como en la oratoria cuando iba en secundaria. Pero aún con premios o diplomas, nunca me sentí con capacidades superiores a nadie. Por el contrario, toda mi vida estuve rodeada de hombres que me formaron, desde mis maestros, mi padre, mis jefes, y de quienes aprendí enormes cosas y conocimientos que me ayudaron a ser alguien en la vida. Y si no tuve ejemplos de mujeres profesionales, fue porque me tocó vivir en una época donde las mujeres sólo se casaban y  tenían hijos. Pero no porque no pudieran destacar, sino porque nunca tuvieron la oportunidad de demostrar cuán capaces hubiesen sido en áreas profesionales si les hubiera tocado vivir en una sociedad diferente, como la de hoy.

Aún con una sociedad completa en su contra, mis abuelas, por ejemplo, destacaron como profesionales y expertas en sus áreas, mi abuela paterna fue la cocinera principal –hoy le llaman Chef Master- del Banco de México por 50 años. Y mi otra abuela fue maestra rural, con enormes conocimientos y una trayectoria intachable, por casi 60 años. En tanto que mi madre, divorciada a los 29 años, en los 70’, excomulgada por la iglesia, fue la primera programadora computacional que tuvo la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, gracias a sus docenas de cursos de computación y programación  que tomó en los 70’ y 80’ en la UNAM.

Todas ellas, mis abuelas y mi madre, no tuvieron estudios profesionales. Mis abuelas estudiaron hasta 4º de primaria, porque hasta ahí llegaban los estudios para las niñas de la primera mitad del siglo XX en México; mientras que mi madre no terminó la secundaria porque se casó a los 15 años.

Como observante de 50 años de historia en México, he comprobado avances y cambios de la mujer en la sociedad, no sin una lucha previa y un enorme rechazo social y familiar para que la mujer pudiera realizarse en todos los sentidos.

Fui testigo de las sociedades donde la mujer tenía desde seis, hasta 15 o hasta 25  hijos. Sí, sí las hubo.

En los años 70’, con la Liberación Femenina, la mujer salió del hogar, comenzó a estudiar , a trabajar, y con ello participó en la tarea de ser proveedora de la familia. No sin el rechazo popular candente tanto de hombres como de mujeres que se negaban a estos cambios, como se niega hoy en día la sociedad de ver estos avances como algo normal y serio.

En los 80’ algunas mujeres nos rebelamos y dijimos “no me caso”. Dejamos el matrimonio como una opción –si se daba- y la hicimos a un lado como prioridad. Nuestra prioridad, de esas mujeres a quienes nos llamaron “locas”, “rebeldes”, “raras”, “inadaptadas”, “necesitan ayuda”, era estudiar y desarrollarnos profesionalmente. Hicimos oídos sordos y avanzamos, con muchas injusticias sociales y laborales que pensamos estaban lejos de terminar.

En los 90’ estudiar ya no era una opción, era algo común y por eso las mayoría de las mujeres profesionistas de México tienen menos de 50 años.

En los 2000’, las mujeres no sólo estudian y trabajan como algo común, sino también compiten por puestos y por salarios, lo cual me parece excelente, justo y digno.

Del 2010 a la fecha, hombres y mujeres jóvenes le han dado un giro monumental a las costumbres de la sociedad mexicana. Les llaman milenials  y son personas de 35 años o menores, que ya no se quieren casar. Lo cual me parece excelente. No es su prioridad ni su más grande sueño casarse, sino trabajar, viajar y vivir la vida con menos prisa de formar una familia. Lo contradictorio de esto es que algunos de ellos tampoco tienen prisa por independizarse y quieren vivir, ya grandes, ya adultos o treintañeros, del trabajo y el esfuerzo de sus padres. Pero ese es otro tema.

El tema en cuestión es, que obtener logros, títulos profesionales, cargos o puestos importantes, ya no es privativo de los hombres. La misma Cámara de Diputados tiene por primera vez “la legislatura de género”" donde el 51% de los legisladores son mujeres. Eso, sin duda, más que ser noticia, es histórico.

Sigo pensando en que los hechos y logros de una mujer no deben ser noticia, no deben los medios de comunicación empujar a este machismo que debe dejar de existir. Ni la mujer es superior al hombre ni el hombre de la mujer. Inteligencia, fuerza, capacidad, pueden encontrar un equilibrio, sobre todo cuando se trata de formar una familia y cuando entre todos formamos una sociedad.

No es noticia ser mujer, eso pienso, y tampoco lo es obtener “logros femeninos”.

Es responsabilidad de los medios de comunicación dejar de ser machistas en sus encabezados. No es noticia el logro de una mujer, en cambio pienso que sí es noticia los logros olímpicos de personas en sillas de ruedas o que tienen una incapacidad física o neurológica. Aquellos a quienes vemos “diferentes” también son seres humanos, y el que estén en una silla de ruedas no significa que no puedan pensar y perfectamente trabajar en una oficina.

Un ciego, un sordo, un mudo, pueden guisar, por ejemplo. La discapacidad no es completa, es parcial, y son personas que merecen tener un trabajo y una vida digna, como todos.

Los logros de estas personas me pareciera que sí pudieran ser noticia. Pero aún con ello, me consta que suele molestarles el que los veamos diferentes. Y tienen toda la razón.

Busquemos noticia donde haya que buscarla.

Dejen a las mujeres en paz. Algunas alcanzan sueños y metas sin la intención de tener fama.

Los sueños no tienen género.

Pienso que la noticia tampoco lo debería de tener.

Ya basta. No somos noticia. Somos mujeres y ya.



Autor: Staff Ahora noticias