Salud

Cómo cambiar tu mente




A mediados del siglo XX, dos nuevas e inusuales moléculas, compuestos orgánicos con un asombroso parecido familiar, explotaron sobre Occidente. Con el tiempo cambiarían el curso de la historia social, política y cultural, así como las biografías de los millones de personas que las introdujeron en sus cerebros. 

Al tiempo, la llegada de estos químicos disruptivos coincidió con otra explosión histórica mundial: la de la bomba atómica. Hubo personas que compararon los dos acontecimientos que revelaban la sincronicidad cósmica. Extraordinarias nuevas energías habían sido desatadas en el mundo; las cosas nunca volverían a ser igual.

La primera de estas moléculas fue una invención accidental de la ciencia. La dietilamida del ácido lisérgico, comúnmente conocida como LSD, fue sintetizada por primera vez por Albert Hofmann en 1938, poco antes de que los físicos dividieran un átomo de uranio por primera vez. Hofmann, que trabajaba para la firma farmacéutica suiza Sandoz, había estado buscando un medicamento para estimular la circulación, no un compuesto psicoactivo.

 No fue hasta cinco años más tarde, cuando accidentalmente ingirió una cantidad insignificante del nuevo químico, que se dio cuenta de que había creado algo poderoso, a la vez aterrador y maravilloso.

La segunda molécula había estado ahí desde hacía miles de años, aunque nadie en el mundo desarrollado fue nunca consciente de ello. Producida no por un químico, sino por un pequeño y discreto hongo marrón, esta molécula, que se conocería como psilocibina, había sido utilizada por los pueblos indígenas de México y América Central durante cientos de años como un sacramento.

 Llamado teonanácatl por los aztecas, o "carne de los dioses", el hongo fue reprimido brutalmente por la Iglesia Católica Romana después de la conquista española y fue enterrado. En 1955, doce años después del descubrimiento del LSD por Albert Hofmann, un banquero y micólogo aficionado de Manhattan, llamado R. Gordon Wasson, tomó muestras del hongo mágico en el pueblo de Huautla de Jiménez, en el sureño estado mexicano de Oaxaca. 

Dos años más tarde, publicó un testimonio de quince páginas sobre "los hongos que causan visiones extrañas" en la revista Life, y por primera vez las noticias sobre una nueva forma de conciencia llegaron al público en general. (En 1957, el conocimiento del LSD se limitaba principalmente a la comunidad de investigadores y profesionales de la salud mental.) La gente no se daría cuenta de la magnitud de lo que había sucedido durante varios años más, pero la historia de Occidente había cambiado.

El impacto de estas dos moléculas es difícil de sobreestimar. 

El advenimiento del LSD puede vincularse con la revolución en la ciencia del cerebro que comienza en la década de 1950, cuando los científicos descubrieron el papel de los neurotransmisores. 

Cantidades de LSD del orden de los microgramos producían síntomas que se asemejaban a la psicosis, lo que inspiró a los científicos para buscar la base neuroquímica de los trastornos mentales, que hasta entonces se suponían de origen psicológico. Al mismo tiempo, los psicodélicos encontraron su camino en la psicoterapia, donde se usaron para tratar una variedad de trastornos, incluidos el alcoholismo, la ansiedad y la depresión. Durante la mayor parte de la década de 1950 y principios de la de 1960, muchos psiquiatras pertenecientes al grupo dominante consideraban el LSD y la psilocibina como medicamentos milagrosos.
 


Información: El Correo del Sol
Fotografía: Redes

 



Autor: Staff Ahora noticias