¿Por qué a algunas personas no les gusta la cerveza? La respuesta podría estar en sus genes

¿Por qué a algunas personas no les gusta la cerveza? La respuesta podría estar en sus genes

¿Por qué a algunas personas no les gusta la cerveza? La respuesta podría estar en sus genes ¿Por qué a algunas personas no les gusta la cerveza? La respuesta podría estar en sus genes.

Para muchos, una cerveza bien fría es el símbolo perfecto del descanso, la celebración o una tarde entre amigos. Pero para otros, su sabor es insoportable. Aunque pueda parecer una simple cuestión de gustos, la ciencia sugiere que la genética tiene un papel importante en esta percepción.

El sabor amargo de la cerveza, sobre todo de las variedades artesanales o con alto contenido de lúpulo, proviene de compuestos conocidos como alfa-ácidos. Estos, al interactuar con ciertos receptores del gusto, pueden ser interpretados de forma muy distinta según la genética de cada persona.

En específico, el gen TAS2R38, relacionado con la sensibilidad al amargor, puede estar presente en una variante más sensible en algunas personas. Quienes la poseen son conocidos como “super tasters” (super catadores): tienen más papilas gustativas de lo normal y son capaces de detectar sabores amargos con mayor intensidad.

Para los super tasters, beber cerveza puede ser una experiencia desagradable:
    •    El sabor puede percibirse como extremadamente amargo, similar a un jarabe medicinal.
    •    Otros alimentos como el brócoli, la col rizada o la rúcula también pueden parecer poco apetecibles.
    •    Incluso describen la cerveza como “jabonosa” o “rancia”, del mismo modo que quienes detestan el cilantro.

Pero el gusto no solo depende de la genética. Experiencias tempranas, contexto cultural y psicología del gusto también juegan su papel. Por ejemplo, quienes probaron una cerveza caliente o muy amarga en su juventud, pueden haber desarrollado una aversión duradera. En contraste, países con fuerte cultura cervecera, como Alemania, suelen inculcar desde jóvenes el gusto por esta bebida.

Además, igual que ocurre con el café, el vino tinto o el chocolate amargo, muchas personas aprenden a disfrutar el sabor con el tiempo y la repetición.