Un grupo de científicos de la Universidad de Binghamton ha dado un paso decisivo en la comprensión del envejecimiento cutáneo al identificar el mecanismo físico que origina las arrugas, un fenómeno que ha intrigado durante siglos a médicos, cosmetólogos y millones de personas en el mundo.
En un estudio publicado en la revista Journal of the Mechanical Behavior of Biomedical Materials, el equipo liderado por Guy German, profesor de ingeniería biomédica, revela que las arrugas no son solo consecuencia del paso del tiempo, sino de cómo se estira y contrae la piel a lo largo de los años.
Según German, la piel funciona como una prenda que se ha usado por años. “Cuando se estira en una dirección y se contrae en otra, ese movimiento repetido termina por formar pliegues. Es un comportamiento físico, no solo biológico”, explicó el investigador.
Para llegar a esta conclusión, los científicos analizaron pequeñas muestras de piel de personas entre 16 y 91 años, a las que aplicaron tensiones mecánicas similares a las que el cuerpo experimenta a diario. Los resultados mostraron que con la edad aumenta la contracción de la piel, lo que hace más probable que se doble y forme arrugas, en especial cuando las fibras internas ya están debilitadas.
El equipo comparó el comportamiento de la piel con el de la plastilina: al estirarse, se adelgaza y se encoge en sentido contrario. “Eso es lo que hace la piel también. Con la edad, esta contracción se intensifica, y si se contrae demasiado, se dobla”, detalló German.
Además, los cambios en proteínas clave como el colágeno y la elastina, esenciales para mantener la estructura cutánea, agravan el problema. A medida que estas proteínas se degradan, la piel se vuelve más frágil, menos elástica y más propensa a arrugarse, sobre todo en zonas expuestas como el rostro y el cuello.
El estudio también advierte sobre el impacto del sol en la piel. La exposición prolongada sin protección puede acelerar el envejecimiento cutáneo y la formación de arrugas, un fenómeno conocido como fotoenvejecimiento. “Si pasas tu vida trabajando al aire libre, es más probable que tengas una piel más envejecida y arrugada que los oficinistas”, comentó German.
Por ello, el científico recomendó usar protector solar diariamente, incluso en días nublados. “Disfruta el verano, pero hazlo con precaución. Tu futuro yo lo apreciará”, concluyó.
Más allá de su valor científico, el hallazgo ofrece una nueva herramienta para filtrar la información que inunda el mercado cosmético, donde muchas veces se prometen soluciones sin base real. Al comprender cómo se forman las arrugas desde un punto de vista físico y mecánico, los investigadores esperan que se desarrollen tratamientos más efectivos y fundamentados.