En la era de la hiperconectividad, el teléfono móvil se ha convertido en un elemento imprescindible para la comunicación y el acceso a la información. Sin embargo, su uso constante también ha generado nuevas dinámicas que impactan negativamente la calidad de las relaciones interpersonales. Entre estas conductas, el fenómeno conocido como phubbing —ignorar a quienes están presentes para enfocarse en el celular— destaca por sus consecuencias emocionales y sociales.
El término phubbing surge de la combinación en inglés de “phone” (teléfono) y “snubbing” (despreciar). Este comportamiento afecta a personas de todas las edades y entornos, deteriorando vínculos familiares, de pareja y amistades. Andrés Luccisano, médico psiquiatra infanto juvenil, define el phubbing como la acción de “ignorar a una persona, conversación o evento para poner atención al dispositivo móvil”.
Las causas detrás de esta conducta son múltiples. La facilidad de acceso a internet, el miedo a perderse algo importante (FOMO), y la búsqueda constante de gratificación inmediata mediante la liberación de dopamina en el cerebro impulsan a muchas personas a revisar sus teléfonos de manera compulsiva. Belén Tarallo, psicóloga especialista en psicoterapia, advierte que el phubbing puede ser automático y difícil de controlar debido a las constantes notificaciones.
Este hábito afecta la calidad de la presencia emocional, provocando conversaciones superficiales, pérdida del contacto visual y sensación de no ser escuchado, lo que impacta negativamente la autoestima y genera distanciamiento en las relaciones. Según Fernanda Giralt Font, psicóloga, estas consecuencias pueden desembocar en soledad, aislamiento emocional y ansiedad tanto en quien practica el phubbing como en quien lo sufre.
Para contrarrestar este problema, los expertos recomiendan establecer límites claros como momentos libres de celular durante reuniones o comidas, mantener los dispositivos alejados y reducir las notificaciones para evitar el uso compulsivo. Además, enfatizan la importancia del ejemplo adulto en el entorno familiar para fomentar un uso equilibrado de la tecnología.
El desafío actual consiste en lograr un equilibrio entre la vida digital y la calidad del encuentro humano, regulando el uso del celular para que la conexión “en línea” conviva con relaciones auténticas y significativas, donde la atención, la escucha y la presencia emocional sean prioridad.