*Jerusalén*.– Hace más de 2,800 años, los habitantes del antiguo reino de Judá enfrentaron condiciones climáticas extremas que ponían en riesgo su supervivencia: largas sequías e inundaciones repentinas transformaron el paisaje y exigieron respuestas ingeniosas. Un reciente hallazgo arqueológico ha revelado cómo las autoridades de la época respondieron a esta crisis mediante la construcción de una infraestructura hidráulica monumental: la presa de Siloé, destinada a redirigir y almacenar el agua del manantial de Gihón hacia el estanque de Siloé, una fuente vital para la ciudad.
Este proyecto, liderado probablemente por el rey Joás o su sucesor Amasías, ha sido fechado con una precisión sin precedentes por un equipo de científicos del Instituto Weizmann de Ciencias y la Autoridad de Antigüedades de Israel. Publicado en las *Actas de la Academia Nacional de Ciencias* (PNAS), el estudio ha logrado datar la presa entre los años 805 y 795 a. C., un margen de apenas una década considerado un hito en la cronología de construcciones antiguas.
La clave de esta datación tan precisa radica en la aplicación de técnicas microarqueológicas. Liderado por la doctora Johanna Regev y la profesora Elisabetta Boaretto, el equipo analizó restos de paja microscópica y ramitas carbonizadas incrustadas en el mortero original de la estructura. A ello se sumó el uso del Laboratorio de Espectrometría de Masas del Acelerador de Investigación Dangoor y el apoyo del Centro Helen y Martin Kimmel de Ciencias Arqueológicas.
Pero el estudio va más allá de la datación. Combinando análisis arqueológicos con información climatológica —como núcleos de perforación del Mar Muerto, formaciones de la cueva de Soreq y registros de actividad solar—, los investigadores lograron reconstruir el contexto ambiental que motivó esta gran obra de ingeniería. Los resultados revelan que la presa de Siloé no fue una estructura aislada, sino parte de un ambicioso sistema urbano de gestión hídrica, orientado a captar lluvias, proteger manantiales y asegurar el abastecimiento de agua en épocas críticas.
“Nuestros hallazgos apuntan a una planificación urbana integral para la gestión del sistema hídrico de Jerusalén ya en el siglo IX a. C., lo que evidencia el poder y la fortaleza de la ciudad”, explican los investigadores.
Este descubrimiento no solo arroja nueva luz sobre el nivel de organización técnica y política del antiguo Judá, sino que también subraya el valor de los enfoques científicos integrados para entender el pasado. El uso de técnicas de vanguardia —como el análisis de isótopos y restos microscópicos— permite refinar nuestro conocimiento sobre las sociedades antiguas y su capacidad para adaptarse a desafíos medioambientales.
En un momento en que el cambio climático vuelve a ser una amenaza global, este hallazgo arqueológico nos recuerda que la resiliencia urbana y la innovación tecnológica fueron, ya desde tiempos remotos, herramientas esenciales para la supervivencia.