Un estudio publicado en Nature Ecology & Evolution reveló que los hongos aparecieron y se diversificaron entre 1,4 y 0,9 mil millones de años atrás, mucho antes de que surgieran los primeros árboles o helechos. Este hallazgo redefine su papel en la historia del planeta: fueron los primeros arquitectos de la vida terrestre, capaces de transformar un mundo rocoso en un entorno fértil.
Los hongos: ingenieros invisibles del planeta
Durante años se creyó que las plantas fueron las primeras en colonizar la tierra, pero la nueva investigación demuestra que los hongos lo hicieron antes, en asociación con algas microscópicas. Juntos formaron los primeros suelos y sentaron las bases para la vida terrestre.
A diferencia de las plantas, los hongos no producen su propio alimento: absorben nutrientes del entorno y reciclan materia orgánica. Gracias a ello, se convirtieron en los primeros descomponedores del planeta, liberando compuestos que más tarde permitirían el desarrollo de ecosistemas complejos.
Cómo se descubrió su antigüedad
El equipo internacional dirigido por el biólogo evolutivo Lénárd L. Szánthó combinó fósiles, análisis genéticos y el uso innovador de transferencias horizontales de genes —intercambios genéticos entre especies— para estimar la edad real de los hongos. Este método permitió construir un reloj evolutivo más preciso que los anteriores.
Los resultados indican que las primeras alianzas entre hongos y algas datan de hace entre 1,253 y 797 millones de años, mucho antes del surgimiento de las plantas terrestres.
Un legado que persiste
Los hongos fueron los primeros ingenieros ecológicos, capaces de reciclar nutrientes, estabilizar suelos y crear condiciones aptas para la vida compleja. Cuando las plantas finalmente aparecieron, ya existía un suelo fértil y una red de microorganismos simbióticos listos para sostenerlas.
El estudio, que involucró instituciones como la Universidad de Bristol y el Barcelona Supercomputing Centre, confirma que los hongos son más antiguos, resistentes e influyentes de lo que se creía. Sin ellos, la Tierra —y la vida que conocemos— nunca habría existido tal como es hoy.